De la química a las constelaciones familiares
Alguien me preguntó una vez: “Vaya cambio de la empresa corporativa a las constelaciones familiares, ¿no?”.
Mi respuesta fue: no tanto. En realidad, para mí no lo es.
Empecé mi trayectoria laboral como química y dediqué muchos años a esta profesión. Eso quiere decir que mi base de aprendizaje era científica y esto implicaba análisis, medición y, sobre todo, observación. Los conceptos de energía, física y matemáticas para describir los procesos en los que estamos inmersos siempre me habían acompañado. El campo cuántico como un todo que nos envuelve y nos procura información sobre la vida que percibimos era un concepto natural.
Y entonces participé en una constelación familiar.
Es una de las experiencias más sorprendentes que puedes vivir. Resulta difícil de explicar, e incluso de creer, cuando no la has experimentado. Una persona se coloca de pie y, con decirle “representas a mi padre”, por ejemplo, esa persona empieza a actuar gestual y emocionalmente como quien representa. Esa información que surge no sabemos exactamente de dónde, nos ayuda a comprender cosas y permite sugerir una frase que la persona repetirá en voz alta. Con este proceder estamos introduciendo nuevos datos en ese campo cuántico.
De pronto, todo aquello que había estudiado, como el orden implicado de David Bohm y otras teorías, cobraba un sentido dieferente. Comprobaba como en una constelación familiar emergía una información inmediata proveniente de un todo y después la devolvíamos al campo con un registro diferente..

ConstelaciONES FAMILIARES y otros sistemas
Cuando hablamos de constelación familiar, solemos asumir que solo se refiere a sistemas de familias, antepasados y linajes. Sin embargo, este procedimiento va mucho más allá de estos vínculos. Puede investigarse todo aquello que funcione como sistema, ya sea físico, emocional, espiritual, ideológico, empresarial o cualquier otra estructura relacional.
La pregunta es qué hacer después con la información que obtenemos y si ésta permanece en el tiempo.
No hay dos seres iguales
Lo primero que me dijeron cuando hice la formación de esta terapia es que era algo fenomenológico, porque no se puede medir. Y es cierto.
Cada persona es un mundo complejo. Es la suma de muchas influencias heredadas y de otras que ha desarrollado a lo largo de su vida. Científicamente buscamos reproducibilidad para poder emitir conclusiones. En constelaciones familiares puedes prever un resultado a la luz de una repetición o de una estadística, pero siempre, y digo siempre, hay que comprobarlo a través de la experiencia.
Todo es ahora
Otra observación interesante es que en una sesión de constelaciones familiares el concepto de tiempo se desdibuja.
Obtenemos una información del pasado en el momento presente, introducimos un nuevo mensaje en ese mismo instante y eso abre la posibilidad de un futuro diferente. Pasado, presente y futuro parecen encontrarse en un mismo punto. Comprobamos que un nuevo enfoque y una nueva percepción implican también nuevos resultados.
No lo sabemos todo
Otro punto que todavía me sorprende es que percibimos la información del sistema del demandante y no otra.
¿Cuál es el mecanismo para acceder a la información específica de una familia o sistema? No podemos comprobar que todo lo que surge en una constelación familiar sea veraz, porque no hemos conocido a todos nuestros antepasados. Sin embargo, podemos confirmar gestos, actitudes y dinámicas de quienes conocemos. La experiencia revela que se conecta con la información adecuada para la persona en ese momento.
Constelaciones familiares: un trabajo espiritual
El otro enfoque que me atrajo de esta terapia, y que a fuerza de practicar constelaciones puede pasar desapercibido, es que se trata de un trabajo profundamente espiritual.
Si buscamos una definición sencilla de espíritu, podríamos decir que es algo inmaterial que se puede interpretar con muchos matices diferentes.
Cuando realizamos una constelación familiar nos relacionamos con algo que emerge de un lugar que no perciben nuestros sentidos. Podemos pensar que se trata del alma de la propia persona que constela o el alma del istema familiar al cual pertenece. Si vamos un poco más allá, también podemos pensar que está participando una extraordianaria fuerza que lo orquesta todo.

Todo está conectado
En una constelación familiar no emitimos ningún juicio. En el nivel de conciencia donde trabajamos con esta terapia, la víctima y el agresor caminan juntos. Cada uno ejecuta un rol y no existe sin la participación del otro.
Sin pretender especificar aquí otras reglas que también se aplican, otro concepto importante es la no exclusión. Hay algo muy potente que rehúsa que existan elementos excluidos dentro de un colectivo. Cada uno debe ocupar su lugar y ese lugar necesita ser reconocido.
Aplicando estos dos principios en una sesión, ya pueden producirse cambios profundos en cualquier situación de nuestra realidad. Una vez más, esto nos lleva a la misma conclusión: todo está conectado.
Quizá una constelación familiar no responda a todo, pero sí puede abrir una comprensión nueva sobre lo que vivimos. A veces, esa nueva comprensión ya es el comienzo de un cambio.Si te interesa explorar este enfoque en consulta individual, puedes escribirme y valorar si este trabajo tiene sentido para ti en este momento.